Museos con niños
Decálogo
para disfrutar del arte
"Jooo,
qué rollo, al museo
no". ¿Qué padre
no espera oír esta respuesta de su niño de cinco años si en vez de ir al parque
le propone ver unos cuantos cuadros? Pues bien, esta actitud puede cambiar. Estas son diez
ideas para que disfrutar del arte no sea una utopía.
Si no disfrutan, no amarán el arte
A estas edades,
lo que les apetece es jugar, reír, moverse, sentirse mayores... y si pueden
hacer eso en un museo, les gustará. La buena noticia es que hoy en día sí que
pueden encontrar todo esto en lugares destinados a la creatividad.
Son el espacio ideal para entender y asimilar muchos conocimientos, para
aprender historia, para conocer y respetar otras culturas bajo una premisa
común: la diversión.
10 consejos para que tus hijos (y tú) os
lo paséis bien en el museo
1. No
obligar
Por
supuesto, si no quiere ir no hay que obligarle. Ni mucho menos cambiarle un
plan superapetecible, como jugar al fútbol, por ir a ver esculturas y cuadros. Con eso
solo conseguiremos que los odie.
2. No crear
expectativas
No es
cuestión de dar demasiadas pistas. Se trata de que el niño sepa que va a ir al
museo, pero no que conozca al detalle qué va a ver allí. De esta forma, dejamos
lugar a la sorpresa, al descubrimiento.
3. Partir de
su experiencia
Para que se
divierta, tiene que ver cosas que pueda reconocer. Hay que saber conducir la
explicación a través de su experiencia. Por ejemplo, si estamos viendo Las
Meninas, le preguntaremos qué ve él ahí. Quizá lo que más le llame la atención
sean las faldas tan raras que llevaban.
Entonces le
comentaremos que la moda cambia, que cuando se pintó el cuadro las chicas se
ponían ese tipo de faldas y los hombres trajes como el que lleva ese señor que
sale en la imagen, el propio Velázquez. Bien, ya le hemos enganchado, ya
podemos empezar a hablarle del pintor, de por qué pintaba para los reyes...
4. Temas
divertidos y cercanos
Lo mejor es
crear un itinerario por el museo partiendo de un tema cotidiano (los animales,
la música, la naturaleza...) y que este sea el hilo conductor durante toda la
visita.
5. Nunca más
de una hora
El recorrido
por el museo no debería durar más de una hora. No podemos pretender que un niño
esté atento (ni entretenido) durante más tiempo. Si no, es muy probable que
terminen la visita aburridos, cansados y colgados de los brazos de sus padres.
Incluso es posible que no quieran volver.
6. No más de
cinco obras
No se trata
de verlo todo, ni siquiera de ver mucho, sino de disfrutar del arte. Escoger
unas cuantas obras y explicárselas con interés es lo mejor para que los pequeños
vayan cogiendo el gustillo a esto del arte y la estética.
Y si no tenemos un museo cerca, también hay arte en edificios, en iglesias,
ayuntamientos, estaciones, ruinas... Seguro que algo nos queda cerca.
7. Hablar su
lenguaje
No es
fundamental que los niños salgan del museo con muchos conceptos académicos. Lo
importante es que disfruten y aprendan a mirar las obras.
Y para ello,
usaremos un lenguaje preciso que sean capaces de entender. Los responsables de
las visitas organizadas para niños de los museos tienen un buen truco para
captar su atención y para que comprendan sus explicaciones: utilizar muchos
sinónimos.
8. Si se
aburre, dejarlo para otro momento
Si vemos que
han perdido interés y no son capaces de retomarlo, lo mejor es dejarlo para
otro día o hacer un descanso y jugar un ratito a algo. Pero fuera del museo, en
el jardín... nunca en la misma sala donde estamos viendo las obras.
Otra opción
es tomar un refresco y luego seguir. Ir al museo no es como ir al cole, no es obligatorio.
Si creen que disfrutar del arte es otra tarea más, no conseguiremos que les guste
de verdad. Por lo menos no siendo tan pequeños.
9. Lo
importante es participar
¿Qué ves
aquí? ¿Puedes encontrar el burrito que hay en el cuadro? ¿Qué crees que está
pensando esta señora? ¿Eres capaz de dibujar lo que ves? Hacerles partícipes y
conseguir que interactúen con las obras es la mejor forma de inculcarles amor
por el arte.
De hecho,
casi todas las pinacotecas que ofrecen programas infantiles
cuentan con talleres en los que los niños ponen a prueba su destreza.
10. Un lugar
para toda la familia
Está claro
que si nosotros no somos aficionados ni disfrutamos de la visita, difícilmente
vamos a transmitir al niño ilusión y entusiasmo. Por eso, estaría bien que el
museo fuera una especie de encuentro familiar, algo de lo que disfrutara toda
la familia y, si es posible, hasta mucha más gente.
Revista “www.serpadres.es”